viernes, 23 de julio de 2010

DE UNOS OTROS QUE SE HACEN UN NOSOTROS

Ahora que ando en tiempo de despedidas, un familiar me "dedicó" para despedirme la canción "Primera Estrella de la tarde", que es la reinterpretación musical que hace Fernando Delgadillo del mito de Quetzalcóatl. (Les recomiendo ver el vídeo, me gustó mucho el montaje)

Dejando de lado la evidente exageración, que agradezco en cuanto muestra de cariño, correspondo ahora yo con mi propia reinterpretación del mismo mito, que escribí por allá de 2002.


LA HISTORIA DEL LUCERO DE LA MAÑANA
Cuando el caxlan mira las estrellas dice ver peces, balanzas, toros; cangrejos, cabras y leones cuenta haber visto. Cada estrella es una piedra y constelación llaman a la suma de varias.

Los hombres y mujeres verdaderos, los que color de la tierra somos, miramos al cielo y cada estrella es una historia. Aquella la de una niña que murió sin haber nacido; esta otra la de quien muriendo nació para los otros. Toda nuestra memoria está en las historias que los dioses más primeros nos narran en medio de su oscuridad.

Nuestros padres ya sabían que había que escuchar historias en las estrellas, pero no muy las entendían. Porque decían que las estrellas eran unas y que otros eran los soles; y la noche era tiempo de estrellas y el día tiempo de sol era. Y leían las historias separadas o en pequeños grupos, pero más no leían, por que de por sí un sol alumbra más que 1111 estrellas.

Pero hubo uno, y el color de la tierra coloreaba su corazón aunque no así su rostro (por eso lo oscureció), que empezó a entretejer historias como si constelaciones creara. Nos hablaba que dibujado había un mundo donde muchos mundos cabían. Pues cada mundo, [cada historia, cada estrella] permanecía él mismo, pero siendo-él-con-todos-los-otros, y todos juntos hacían un solo mundo, una sola historia.

Nos enseñó que no era cierto que deseo de los dioses primeros fuera que mientras día gozaban unos, noche cubriera a otros. Pues el sol no es más que una estrella como cualquier otra, es sólo que la vemos más cerquita. Y a los que están cerca, o brillan más, los creemos distintos de los que lejos de nosotros están. Por eso lo que tocaba hacer, y lo que siempre tocará hacer, era acercar las estrellas lejanas, entrelazándolas. Para que amanecer tengamos. Para que los unos puedan ser, con los otros estando; unos-otros, un-no-otros, un-nosotros pues.

Y subió a la montaña para entrelazar estrellas. Unos dicen que en una barca atravesó el mar; otros aseguran que se inmoló en una hoguera. Pero unos y otros, unos-otros, recuerdan que prometió volver a acercarse, entrelazándonos, para que brille la justicia en medio de quienes color de la tierra somos. Y por que nosotros recordamos, él memoria es, estrella es.

Venus le llama el señor del dinero, para que le olvidemos y su luz se apague en la memoria. Pero nosotros recordamos su nombre verdadero, que no se nombra sino que se camina y se lucha para que, acercándose, la estrella que cada persona es pueda ser con-los-todos-estando.

2 comentarios:

Mª Pilar dijo...

Mi buen y querido amigo Rodrigo: ¡Hermosa historia de un-nosotros!
Que las estrellas trenzadas, sigan uniéndonos en el amor.
¡¡Que te vaya bonito!! Desde donde estés, recuérdanos, y llévanos en tu corazón.
mª pilar

Anónimo dijo...

Bella historia querido amigo, seguiremos entrelazados, mientras tanto te deseamos Pedro y yo lo mejor en tu vida para esta nueva etapa. Un abrazo.